Territorios y transformaciones interdisciplinares: la recepción (paródica) de la obra de Oscar Lewis

Territories and interdisciplinary transformations: the (parodic) reception of Oscar Lewis' works

Mercè PICORNELL

Universitat de les Illes Balears, España

mercepicornell[at]gmail.com

Impossibilia. Revista Internacional de Estudios Literarios. ISSN 2174-2464. No. 18. MISCELÁNEA, páginas 233-257. Artículo recibido 03 de mayo 2019, aceptado 18 de septiembre 2019, publicado 30 de noviembre 2019

Resumen: La interdisciplinariedad, en los estudios literarios, ha sido tanto celebrada como un avance hacia la consideración de la literatura como saber transversal, como criticada como una banalización de la especificidad de la disciplina. En este artículo proponemos, desde un caso concreto, un análisis de la interdisciplinariedad como una realidad ineludible pero compleja, que tiene que ver a menudo con procesos de transformación entre disciplinas que están determinadas, entre otras cosas, por la geopolítica del conocimiento. La recepción compleja de la obra del antropólogo estadounidense Oscar Lewis nos servirá como ejemplo para estudiar tres facetas de esta transformación, que se relacionan con el contagio literario del texto antropológico, la traducción de su obra en el contexto mexicano y la respuesta paródica que, desde la literatura, intenta "contraescribir" su relato científico.

Palabras clave: antropología y literatura, parodia, estudios interdisciplinarios, Oscar Lewis, traducción

Abstract: In literary studies, interdisciplinarity has been both celebrated as an advance towards the consideration of literature as transversal knowledge, and criticized as a trivialization of the specificity of the discipline. In this paper we propose an analysis of interdisciplinarity as an inescapable but complex reality, which often deals with processes of transformation between disciplines that are determined, among other things, by the geopolitics of knowledge. The complex reception of the work of the American anthropologist Oscar Lewis will serve as an example to study three facets of this transformation, which relate to the literary contagion of the anthropological text, the translation of his work in the Mexican context and the literary parodies that try to "counter-write" his scientific account.

Keywords: anthropology and literature, parody, interdisciplinary studies, Oscar Lewis, translation

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En este artículo nos proponemos reflexionar sobre las relaciones entre la literatura y otros campos del saber en el ámbito de transferencia entre la antropología y la literatura y desde la recepción de la obra de Oscar Lewis. No nos interesa tanto ahondar en la conocida polémica provocada en los años sesenta por la obra del antropólogo estadounidense en México, como utilizar este caso con una modesta voluntad de incidencia metodológica en torno al trabajo interdisciplinar desde los estudios literarios en el ámbito hispanoamericano. Con este objetivo, propondremos que las relaciones entre disciplinas deberían conceptualizarse como lugar no sólo de contactos sino de transformaciones. Más en concreto, valoraremos tres formas de transformación interdisciplinar que afectan a la obra de Lewis y que tienen que ver con la modificación de los procesos de producción y recepción en un espacio fronterizo entre la literatura y la antropología, con la traducción como espacio de mediación pero también de conflicto intercultural y con la parodia como mecanismo de revisión hipertextual.

Hacia una interdisciplinariedad dislocada y transformadora

Resulta ya innecesario insistir sobre los usos y abusos de la apelación a lo "interdisciplinar" en la academia de finales de siglo XX. Nos interesa sin embargo recuperar un hilo de los debates que generó en los estudios literarios para justificar nuestra propuesta analítica. En un artículo de 1992, Arabella Lyon reflexionaba sobre la recurrencia de la metáfora territorial en la definición de los procesos de intersección interdisciplinar. En esta línea, por ejemplo, Reed Way Dasenbrock (1989) consideraba el préstamo interdisciplinar como un free trade y, desde la metáfora, lo situaba en un espacio de frontera entre estados. Con una voluntad crítica contraria al intercambio entre campos de saber, Stanley Fish (1989) alertaba sobre la imposibilidad de "habitar dos territorios a la vez" para contraponer la interdisciplinariedad a una especialización que definiría la especificidad de los estudios literarios. Al circunscribir los territorios a un ámbito más pequeño, para Mary Louis Pratt (1995), la literatura comparada era a finales del siglo XX una granja abandonada donde los animales habían tumbado las cercas de sus rediles y se juntaban en múltiples hibridaciones. En "Blurred genres", el conocido artículo donde Clifford Geertz (1983) pasa revista al uso de alegorías críticas en el pensamiento social, utilizaba inadvertidamente en esta misma metáfora al referirse a una "desprovincialización" del saber intelectual. E incluso el título de un volumen ineludible para quien investigue en los límites del saber, como Traveling concepts, de Mieke Bal (2002), acude a una metáfora, en el fondo, territorial, como lo es la del viaje, para conceptualizar los intercambios entre campos de conocimiento.

Lyon (1992) proponía cambiar esta metáfora territorial recurrente en la caracterización de lo interdisciplinar por la del río o la de la corriente, que permitiría plasmar el movimiento entre campos de conocimiento de una manera más dúctil y quizás más cercana al paradigma que luego se ha denominado transversal. No obstante, por productivas que hayan demostrado ser las imágenes líquidas en la teorización de la contemporaneidad, nos parece que ni los territorios más o menos fronterizos o transitados ni tampoco los ríos y sus fluencias son metáforas válidas para conceptualizar las disciplinas y sus intersecciones. Es así por lo menos por dos motivos. El primero es casi obvio y es que lo territorial en relación con las disciplinas no es metafórico sino que determina de manera efectiva su razón de ser. Obviamente, no lo descubrimos aquí. La "situación" del conocimiento de que habló Donna Haraway (1988) tiene su origen en un lugar histórica, geográfica y culturalmente concreto. Esta idea –no siempre explícita en la crítica postcolonial ni, por ejemplo, en el latinoamericanismo estadounidense–1­ es una de las bases del pensamiento decolonial de Walter Mignolo en su demanda de una desobediencia epistémica que produzca lo que Aníbal Quijano denominaba desprendimientos que desnaturalicen los campos conceptuales del pensamiento occidental, colonial y moderno.2 Si las disciplinas son "situadas", su reubicación respecto de otros límites del saber puede producir también formas de dislocación relevantes. El segundo motivo es algo más complejo. Parte de la idea de que la incidencia real de la intersección entre disciplinas, en su práctica concreta –tanto analítica como creativa–, no provoca simples intercambios o mezclas de métodos, conceptos, temas o formas que pertenezcan a territorios disciplinares diferentes. Tiene que ver, más bien, con la transformación que provoca la reubicación de estos métodos, conceptos, temas o formas, una transformación que no sólo afecta a la producción de obras o saberes sino también a su recepción en un campo cultural y/o académico concreto.

El caso en el que hoy nos centraremos permite considerar esta doble condición –dislocada y transformadora– de lo interdisciplinar, así como también la mutua determinación de estas dos características. Como es bien sabido, la antropología como disciplina ejemplifica desde su fundación las implicaciones políticas de una epistemología situada. Ya en los años cincuenta Michel Leiris (1997) alertaba sobre la situación colonial de la antropología que, se fundaría, según diría Michel De Certeau (2002), en una heterología que contribuía a la geopolítica de la modernidad. En el último tercio del siglo XX, los efectos del giro lingüístico en la antropología denominada "postmoderna" serían clave también para sustentar esta crítica al colonialismo antropológico y también para promover algunas alternativas relevantes. Clifford Geertz, James Clifford, Stephen Tyler o George E. Marcus, entre otros, encontraron en los estudios literarios métodos para reflexionar de manera crítica sobre la construcción de la autoridad antropológica, así como para crear formas de representación de la diferencia cultural más dialógica o autoreflexiva.3 La obra de Oscar Lewis, sin embargo, es anterior y no se ubica en este marco de debate. Su acercamiento a lo literario tiene que ver con una voluntad entre divulgativa y política relacionada con su teorización de lo que denominó "cultura de la pobreza", a la que caracterizó con voluntad universal, desde el trabajo de campo en América Latina.

Oscar Lewis en la frontera etnoliteraria4

Oscar Lewis inició su trabajo de campo en Estados Unidos, aunque sus aportaciones más difundidas tienen que ver con el estudio de la pobreza en Puerto Rico, Cuba o México. Fruto de esta última investigación son algunas de sus obras más conocidas, entre las cuales se encuentran Five Families: Mexican Case Studies in the Culture of Poverty (1959) y The Children of Sánchez: Autobiography of a Mexican Family (1961).5 En síntesis, Lewis parte de un proceso de observación participante intensivo con las familias que se traduce en monografías centradas en un relato polifónico en el que desaparece la presencia del antropólogo-autor. Como ya notó en su momento Geertz (1988), esta desaparición del autor es frecuente en la escritura etnográfica. No obstante, en el texto de Lewis no se traduce en una descripción aparentemente objetiva que muestre la realidad social de la comunidad que estudia, sino en una voz narradora que cuenta lo observado y confunde a menudo su voz con la del informante. Así, en Five Families, Lewis proponía el relato de cinco días en la vida de cinco familias, expuesto por un narrador heterodiegético con focalización cero que nos explica los pensamientos y relaciones entre los miembros del grupo. Sirva de ejemplo este fragmento referente a "La familia Martínez":

Los tres hijos mayores abandonaron la cocina tan pronto como terminaron de comer y fueron a acostarse en sus catres, riendo y hablando [...]. Pronto quedaron solos en la cocina Esperanza y Pedro. Escucharon a sus hijos que ahora cantaban canciones de un cancionero que Macrina había pedido prestado a su amiga Elena. Pedro hizo un movimiento de disgusto. "Déjalos que canten" —dijo ella—. "Me hacen sentir un poquito alegre". Pero él se levantó y fue al cuarto de los muchachos. Tan pronto como lo vieron en el marco de la puerta cesaron los cantos. "Siempre se les agua la fiesta a mis pobres hijos cuando él aparece", pensó Esperanza" (Lewis 1969: 60-61).

En The Children of Sánchez, se plasma el trabajo intensivo sobre una de las familias y se utilizan técnicas de escritura más atrevidas que las que encontraríamos en una monografía etnográfica, como la narración autodiegética en boca de los hijos de la familia.6 Lewis consideraba sus obras como fruto de "una nueva especie literaria de realismo social" (1964: xii), donde la creación artística no debería oscurecer la aportación científica. Expone en diferentes ocasiones esta necesidad de cambiar la forma de escribir los resultados de la investigación etnográfica como una recategorización de la disciplina respecto a las funciones antes atribuidas a la novela realista. Afirma así, en el prólogo a The Children of Sánchez, sobre la necesidad de una nueva antropología:

In the nineteenth century, when the social sciences were still in their infancy, the job of recording the effects of the process of industrialization and urbanization on personal and family life was left to novelists, playwrights, journalists, and social reformers. Today, a similar process of culture change is going on among the peoples of the less-developed countries, but we find no comparable outpouring of a universal literature which would help us to improve our understanding of the process and the people (Lewis, 1964: xxiii).

El uso de la grabadora para recoger los testimonios de sus informantes contribuiría según Lewis a hacer posible una nueva forma de escritura, a la vez original en su plasmación de la voz popular al tiempo que fiel a los datos antropológicos recogidos. Consideraba en el prólogo a Five Families que:

The tape recorder [...] has made possible the beginning of a new kind of literature of social realism. With the aid of the tape recorder, unskilled, uneducated, and even illiterate persons can talk about themselves and relate their observations and experiences in an uninhibited, spontaneous, and natural manner. In preparing the interviews for publication, I have eliminated my questions and have selected, arranged, and organized their materials into coherent life stories. If one agrees with Henry James that life is all inclusion and confusion while art is all discrimination and selection, then these life histories have something of both art and life. I believe this in no way reduces the authenticity of the data or their usefulness for science (Lewis, 1959: xxi).

Algunas reseñas de las obras publicadas en entornos académicos destacan no muy positivamente este uso de técnicas consideradas "ficcionales", no sólo por su innovación formal sino porque proyectaban desde una sola familia datos para una teorización cultural que, desde la limitación de informantes, no podía ser completa. De hecho, desprendidos de los prólogos, sus textos pueden ser leídos casi como cuadros de costumbres novelados.7 Michael Glowinski (1987: 393) afirma que, por su carácter predominantemente narrativo, son recibidos a menudo como novelas. En efecto, por ejemplo, en su crítica a Five Families para el Harper's Magazine, Paul Picket escribía que

Five families by Oscar Lewis is an anthropological study rather than work of fiction though it makes such free use of fictional techniques like dialogue, flashbacks, and getting inside the minds of characters that it often teads more like a slice-of-life fiction than anthropology (1959: 87).

Si consultamos las cartas de Oscar Lewis editadas póstumamente por Susan M. Rigdon, parece ser que esta transformación de la antropología a partir del uso de técnicas literarias tiene que ver con la voluntad divulgativa de Lewis. Lo plasmaba así en una carta de 1957 a su agente, Virginia Rice:

For a long time now I have been trying to find some way by which anthropological data might be presented to reach a wider audience without cheapening our material or reducing its scientific validity. I believe I have found a possible solution through the medium of intensive family [studies] in the style of ethnographic realism […] I am now working on a volume to be titled Five Days in Mexico (a come-on for the tourist trade), which will deal with a day each in the lives of five Mexican families (apud Rigdon, 1988: 219).

Parece que está refiriéndose a Five families, que se publicaría dos años después. La voluntad divulgativa se manifiesta también en los múltiples intentos de Lewis para conseguir que The Children of Sanchez fuese adaptada al cine, al vender los derechos a Abby Mann, y proponérselo a Luis Buñuel. El cineasta –exilado en México y que ya había incluido un prólogo cauteloso donde defendía al gobierno mexicano en Los olvidados (1950)–, pese a mostrarse admirado por el libro, alegó que no era conveniente para un refugiado como él hacer una película que el gobierno podía evaluar como crítica.8 Finalmente, cedió los derechos a Hall Barlett, quien se tomó bastantes libertades en la adaptación del texto –entre otras cosas mezcló tradiciones italianas con mexicanas y insistía en tratar a una de las hijas de Sánchez como prostituta, lo cual provocó una denuncia contra el director y Ruth Lewis, la esposa del antropólogo, quien había firmado la cesión de derechos de adaptación.

Dos de los factores de los hasta ahora vistos nos pueden hacer intuir que la recepción de las obras de Lewis no podía ser sino polémica. En primer lugar, el carácter híbrido de su producción, que propicia una recepción por lo menos doble: como textos científicos o como creaciones literarias. En segundo lugar, una voluntad de difusión amplia en ámbitos no científicos. A estos dos factores cabría añadir las implicaciones políticas de sus propuestas, que no solo retratan la pobreza del sur desde una mirada del norte sino también introducen orientaciones de intervención social.9 De hecho, Lewis fue consultor del gobierno estadounidense y beneficiario de becas generosas. En el ambiente de persecución política que provocó el macarthismo, que vigilado como sospechoso de actividades subversivas por el FBI, con interrogatorios a sus compañeros, que lo acusaban de comunista. La verdad es que tanto los informes como las cartas personales nos lo muestran coherente en sus objetivos políticos pero algo inconsciente en las consecuencias de sus textos. Un buen ejemplo lo encontramos en su intento de realizar trabajo de campo en la España de postguerra. Según explica Ridgdon (1988: 38), buscaba una pauta de comparación que le permitiese discriminar entre los aspectos propiamente españoles y los indígenas de las comunidades mexicanas. Con este objetivo, el año 1948 envió una carta a Julio Caro Baroja sobre cómo encontrar comunidades rurales en España donde persistieran las costumbres y creencias de los siglos XVI y XVII (apud Rigdon 1988: 206). El antropólogo español lo orientó hacia un pueblo cercano a Guadalupe, en Extremadura. En 1949, al iniciar el censo de población notó que la ratio de mujeres era mucho más elevada que la de hombres. La causa era bien conocida por los habitantes, que solo se atrevían a sugerirla al antropólogo: Extremadura es una de las zonas con más ejecutados por el bando nacional. Los Lewis fueron obligados por el gobernador civil a abandonar la zona.

La transformación interdisciplinar que produce el acercamiento hacia la literatura de la voz antropológica tiene que ver con la posibilidad de generar un discurso a la vez autorizado por el antropólogo y que dé voz a sus informantes, pero también con la capacidad de estos informantes de representar, desde su singularidad, un patrón cultural. Para que sus obras tengan validez antropológica, estos casos tienen que ser representativos de una forma de vida o de una cultura. Lo que en literatura puede ser un recurso casi costumbrista y que se justifica en términos estilísticos –el retrato cotidiano de la vida de una familia pobre– desde la antropología es un procedimiento arriesgado, en tanto que elige un solo caso para proyectar una teoría. La utilización del núcleo familiar como sujeto de la historia de vida obliga a Lewis a elaborar sus relatos de una forma denominada como "biografía colectiva" o "autobiografía cruzada", según Carole Boyce-Davis (1992) y Carles Feixa (2000), respectivamente. La biografía colectiva dificulta la narración coherente en primera persona del relato de una existencia –el modelo usado por Ricardo Pozas o Miguel Barnet, por ejemplo, en Juan Pérez Jolote (1948) o Biografía de un cimarrón (1966). Gestionar la narración de la experiencia de diferentes vidas entrecruzadas comporta la presencia de un narrador que conduzca las diferentes voces implicadas en el relato. En este sentido, el subtítulo de Five Families se tradujo también en castellano como "Autobiografía de una familia mexicana", doblemente equívoco: tanto por su curiosa atribución genérica –¿puede ser una autobiografía un texto que no firman sus protagonistas?– como por su determinación cultural –¿qué es más relevante en términos antropológicos, su pobreza o su mexicanidad?

La traducción y el conflicto

Lo complejo o casi pernicioso de esta última pregunta es a menudo invisible en las reseñas que aparecen desde el norte pero provoca una conocida polémica cuando sus obras son publicadas en México, traducidas al español. La traducción es el segundo tipo de transformación que afecta la recepción de las obras de Lewis. Las implicaciones de la traducción de un texto antropológico a una lengua conocida por el entorno cultural al que representa y tienen por lo menos dos tipos de consecuencias: las determinadas por la posibilidad de los "otros" estudiados de acceder a su representación etnográfica aunque también las condicionadas por el lugar que ocupará esta obra traducida en el campo cultural de recepción. En el primer sentido, John Paddock (1961) iniciaba su reseña sobre la traducción de Five Families en Anthropological Quarterly notando la dificultad que suponía para algunos antropólogos trabajar en comunidades letradas. Citaba unas declaraciones desafortunadas de Douglas G. Haring referidas a sus informantes de las islas japonesas del archipiélago RyükYü:

"They want to know the results, and unlike laboratory rats, they regard the findings with emotion," says Douglas G. Haring (1956. 61) of the literate people among whom he worked in Amami Oshima, Ryukyu Islands. The question of imparting the results to the people studied is fundamental, he adds, in any anthropological investigation among a literate population. The forthcoming issue of a Spanish translation of Five Families brings up this question (Paddock, 1961: 129).

En una carta del 26 de octubre de 1961 a Arnaldo Orfila, director del Fondo de Cultura Económica, Lewis se manifestaba extrañado por las reacciones negativas de algunos lectores mexicanos ante su obra. Esta polémica no hacía más que anticipar la que provocaría tres años más tarde la publicación de la traducción de Los hijos de Sánchez. La obra había sido editada por esa editorial con un éxito importante –se agotó en tres meses– en 1964. Fue la segunda edición, de 1965, la que provocó el escándalo. El caso es muy conocido y ya ha sido ya estudiado desde otras perspectivas.10 Se inició cuando la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, reunida el 9 de febrero de 1965 decidió querellarse contra Oscar Lewis y contra el Fondo de Cultura Económica por la publicación del libro. Según su presidente, José Domingo Lavín, el libro mostraba al mexicano como un pueblo degradado. Los hijos de Sánchez, consideraba, no eran ni un estudio científico ni una obra literaria –escrita, en todo caso, un lenguaje obsceno– sino un libro con finalidades políticas.11 (Y aquí nos interesa apuntar el interés de la función atribuida al uso del lenguaje vulgar: huella de verosimilitud en el relato etnográfico de Lewis resulta un signo de aliterariedad desde su recepción mexicana). Otra vez, el juego de autoridades y representatividades resulta confuso: Lavín atribuye a Lewis la autoría de los enunciados de sus informantes –por ejemplo, respecto a la necesidad de traspasar la soberanía mexicana en manos de los EUA–, y lee su obra como un libro sobre "los mexicanos", y no sobre una parte concreta de la población del país que vive en condiciones de pobreza equiparables a las que se dan en otros contextos. La idea se repetirá en los numerosos artículos que se publican en prensa el año 1965.12 El 18 de febrero de 1965, Carlos León calificaba el volumen de "absurdo insultante" que despreciaba México y se lamentaba que el Fondo de Cultura Económica fuese una editorial subvencionada por el gobierno "que gasta el dinero de pueblo en insultarlo". Dos días después, Fernando Diez de Urdanivia reiteraba la necesidad de prohibir el libro, por inscribirse en una larga tradición de insultos a México. Carlos Rojas la describía como "un panfleto político". Más atemperado, el antropólogo Guillermo Bofill notaba los problemas a la hora de valorar hasta que punto el caso de los Sánchez de podía usar como representativo de una forma de vida mexicana.

Las manifestaciones en contra de la prohibición de la obra de Lewis se centran sobre todo en los efectos que su censura podía provocar en el campo cultural mexicano del momento. Ironizaban también sobre la voluntad del gobierno de intentar esconder la pobreza. Escribía Aben Quezada que "desde ahora sabemos que mostrar la miseria es insultar a México". Y Rosario Castellanos respondía que la Sociedad Geográfica y Estadística debería haber contestado a Lewis con cifras y no con amenazas. En este marco se inscribe también un curioso relato irónico de Carlos Monsiváis (2008) publicado en la revista Siempre! Bajo el título "Vástagos del decoro. Pulcra y decente adaptación cinematográfica de Los hijos de Sánchez". Monsiváis recordaba que dicha adaptación del libro había sido paralizada por motivos análogos a los que ahora se denunciaban, y redactaba una versión "pulcra" de la obra que es a la vez parodia y pastiche, en tanto que transforma Los hijos de Sánchez imitando el estilo en apariencia deseado por sus detractores.

Las consecuencias de la traducción etnográfica en el campo de recepción, por lo tanto, son a la vez insospechadas y profundas. Parecer ser que una de las agendas ocultas de la crítica a Lewis era la de provocar la destitución de Arnaldo Orfila Reynal de su cargo como director de la sección mexicana del Fondo de Cultura Económica. Orfila había promovido la publicación de libros de estadounidenses progresistas en traducción castellana. De hecho, la polémica lo obligó a dejar la editorial y fundar una nueva empresa que sería al fin y al cabo más importante: la editorial Siglo XXI. Retirado del Fondo, el libro se seguiría publicando en Mortiz y Grijalbo. El epistolario de Lewis recogido por Rigdon (1988) nos muestra cómo la polémica hirió al antropólogo, que vio desprestigiada su figura en México y no pudo impedir que se diesen a conocer los nombres de algunos informantes, que le enviaban cartas temerosos ante la posibilidad de ser condenados por sus declaraciones en el libro. El mes de noviembre de 1965 enviaba una carta a la Academia estadounidense que significativamente iniciaba desvinculándose del proyecto Camelot, esto es, el macroproyecto de investigación promovido y subvencionado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos destinado a estudiar la insurgencia y las formas de "prevenirla" que podía interesar a los "gobiernos amigos" en América Latina que pronto diseñarían políticas de contrainsurgencia basadas en la represión. Pese a que las circunstancias de la recepción de la obra de Lewis se inscriben en una clave diferente, la polémica que motiva parte de una misma razón de fondo. La autoridad de los científicos estadounidenses para justificar su posición en el campo de estudios no es neutra sino que se entiende como una forma de colonialismo científico. Los habitantes de los países latinoamericanos de los años sesenta han dejado de poder ocupar la posición de objeto de estudio en el intercambio científico que proponen. México es un país culto, letrado y con sus propios otros antropológicos (esto es, los que fundamentan la literatura y la antropología indigenista). En este mismo contexto no deja de ser interesante que otro antropólogo afincado en México, John Paddock, tradujera los artículos mexicanos de la polémica sobre Los hijos de Sánchez al inglés para publicarlos en Mesoamerican Notes, una revista vinculada a la recién renombrada Universidad de Las Américas, que tenía como origen el México City College, esto es, una universidad anglófona y de programa estadounidense creada en México, país que en la postguerra mundial había acogido tanto a numerosos veteranos de guerra (un 65% en 1950) como a exilados de diferentes partes de Europa.13 La respuesta mexicana a Lewis que se expresaba en la prensa periódica del país traspasa así hacia lo académico desde una revista de antropología mexicana pero en inglés.

La reelaboración paródica

Al valorar la polémica en círculos más íntimos, el mismo Lewis consideraba que su gran error había sido permitir la traducción en castellano de sus obras. Escribía en una carta a Carolina Luján, sobre su investigación en curso: "The big mistake was my allowing publication of the Sánchez book in Spanish. [...] I certainly don't want to have a Spanish edition of my work on the Puerto Rico families. None of the family members read English" (apud Rigdon, 1988: 294). El inglés se presenta como la lengua que sirve para explicitar el conocimiento cultural de la alteridad sin permitir la réplica a los objetos de estudio. Esta posibilidad de réplica, de hecho, es uno de los argumentos sobre los que se ironiza a menudo en muchas de las intervenciones en la prensa sobre la polémica de Los hijos de Sánchez. Muchos artículos anuncian estudios futuros sobre las familias de los Estados Unidos. El día 25 de febrero de 1965, el diario Novedades notificaba que un mexicano estaba preparando un libro titulado The Smithsons, que firmaría con el pseudónimo Unthal Sánchez para que no le prohibiesen entrar en los Estados Unidos. Ese mismo mes, el director de cine Servando González anunciaba haber recibido una oferta de Audrey Wood, su agente en Hollywood para dirigir una versión cinematográfica de The Children of Sánchez, que solo aceptaría si podía modificar para dar una visión más positiva de México a partir de las aportaciones de Carlos Fuentes, Emilio Carballido y otros escritores mexicanos. Pensaba titularlo El hijo de Lewis, por Sánchez. Guillermo Ochoa, en Novedades, proponía la elaboración de una etnografía que denominaba "inversa" con obras de igual interés como Los hijos de Marceau en Francia, Los hijos de Pinelli en Italia, y quizás Los hijos de Lewis en Estados Unidos.14

De hecho, dos años antes la idea había sido concretada por el economista mexicano Víctor Urquidi, quien publicó en América indígena un largo artículo titulado Los hijos de Jones y, en 1966, Alberto Quirozz elaboraría un ejercicio semejante en el volumen Historias para Oscar Lewis: el reverso de Los hijos de Sánchez. En los dos casos se emplean registros paródicos para desautorizar las representaciones de Lewis. Nos encontramos ante una reelaboración literaria de un modelo etnográfico que asume la forma y el estilo del modelo que toma como hipotexto. Se trata de un procedimiento habitual de contraescritura que encontramos en contextos postcoloniales y que proponen lo que María José Vega (2003: 235) ha denominado un "sabotaje canónico" o una "venganza textual" que, en este caso, cuestiona también los fundamentos de la antropología como conocimiento del norte sobre su sur.

El objetivo de las parodias de Urquidi y Quirozz no es rebatir las representaciones de Lewis sobre la pobreza en México sino más bien su injerencia a la hora de representarlas. La obra de Urquidi se presenta como "un comentario más o menos irónico a la obra del antropólogo norteamericano" que "muestra lo que podría suceder si un antropólogo mexicano tomara a su vez el ejemplo de Lewis para estudiar cinco familias norteamericanas, en particular al de los Jones" (1963: 39). Esta es una familia de multimillonarios estadounidenses, esto es, la contrapartida de los Sánchez mexicanos. La parodia de Urquidi resume en unas pocas páginas la estructura de The Children of Sánchez: un prólogo programático, la transcripción de un día en la vida familiar y un epílogo con un breve relato del padre en primera persona. El relato retrata "un conjunto representativo de americanos acomodados" que permitirían mostrar la "cultura de la riqueza" y su "depravación moral" (1963: 39). Las referencias al hipotexto antropológico son constantes. El antropólogo Luis Oscar Sánchez dice escribir "a sabiendas de que las actitudes, las costumbres, las estructuras del gasto, la vida sexual y otros atribuidos de estas american families tienen destacada significación social en el desarrollo futuro de mi país" (1963: 39). La obra se presenta como la secuela de una obra anterior

El éxito que obtuve con mi libro Cinco familias opulentas, que según entiendo se tradujo al inglés titulándose Antropology of Park Avenue, deriva de los métodos de investigación que primero empleé para estudiar la vida de los peasants americanos, y que pude complementar mediante la instalación de grabadoras magnéticas debajo de las mesas del bar en el Cork Club" (1963: 89).

Continúa, además, explicando: "Al transcribir y traducir, he tenido que omitir parte considerable del lenguaje vulgar de mis entrevistados, mas quien guste oír semejante vocabulario consultar las grabaciones originales que tengo guardadas en mi palacio invernal de Acapulco" (1963: 40).

El propósito del volumen Historias para Oscar Lewis, de Alberto Quirozz se presenta como más serio. Pese al título, en el prólogo se afirma que no es un libro "contra Lewis", sino para denunciar la existencia de "cuadros de extremada miseria" entre los estadounidenses. Quirozz dice que es una creación "literaria" que se interesa por las familias negras de los Estados Unidos en un libro que, dice el prólogo, sólo "pisa los talones" de la antropología. No hay, sin embargo, en este libro, ningún tipo de información que nos haga pensar que parte de historias reales o de una tarea previa de documentación. Al contrario, las referencias al texto de Lewis son constantes y claramente paródicas. El libro cuenta las historias de Los hijos de Herbert Lewis. La supuesta discriminación de los afroestadounidenses que debía centrar el volumen del escritor mexicano queda eclipsada en los relatos por la reiteración abusiva a las menciones del estereotipo sexual del negro o de su calidad de ser auténtico y natural que, sometido a circunstancias adversas, no duda en cometer crímenes contra los blancos. México, por contra, es el país donde encuentran refugio los hijos de Lewis discriminados en su país de origen.

Formalmente, el antropólogo ficticio que gestiona la historia de los nuevos Lewis es un mexicano anónimo aunque presente en los diálogos de sus informantes. Aparece mencionada la grabadora y también la imposibilidad del antropólogo de mantener una posición distante respecto de su objeto de estudio sobre todo si es una mujer joven que cuestiona constantemente el tipo de relación que está estableciendo con él y con otros investigadores extranjeros:

Y hasta tú mismo, perdonándome la franqueza, me caes algo gordo por ser antropólogo, sabes... Si tú te hubieras presentado como otra cosa desde que me abordaste, no tuvieras ahorita todo ese chorral de cuentos que me has hecho vaciar en las diversas entrevistas que hemos tenido y ya seguramente hubiésemos invertido el tiempo en hacernos el amor o en simplemente luchar por ese camino (Quirozz, 1966: 45-6).

El uso de la parodia como generador de modelos innovadores en las literaturas hispanoamericanas ya ha sido estudiado por E. Sklodowska (1991), Charlotte Lange (2008) o Erik Camayd-Freixas (2012) entre otros. El caso de Lewis se diferencia de los analizados por estos autores en el hecho de que el hipotexto que se parodia no es un modelo literario o histórico sino un retrato etnográfico con voluntad científica. Graham Huggan (1994) ha estudiado el uso de la parodia etnográfica en la literatura postcolonial, como recurso para criticar los prejuicios del conocimiento occidental sobre las "otras culturas". Huggan introduce una cuestión que es relevante para este artículo, y es la referida a la resistencia de los escritores postcoloniales estudiados a crear un discurso desde una autenticidad nativa que pueda servir para generar contradiscurso al relato occidental sobre sus otros. La utilidad de la parodia para el discurso postcolonial es desde este punto de vista fácilmente explicable. Como ya se ha dicho con amplitud, la parodia no crea un lugar de enunciación, sino que se expresa, como dijo Mijail Bajtin (1986), desde una "voz doble". Esta duplicidad no genera una voz integrada, sino que vehicula, en palabras de Linda Hutcheon (1995), una imitación con diferencia crítica. En la parodia etnográfica esta "diferencia" no es solo la que marca una voluntad de crítica estilística sino que se solapa con la diferencia que determina la posición de autoridad del antropólogo-escritor. La intención crítica de la parodia según la caracterización pragmática de Hutcheon toma un nuevo sentido desde la territorialidad disciplinar a la que hemos apelado al principio de este artículo. No solo imita y transforma su blanco, como afirmaba Margaret Rose (1993), sino que esta transformación tiene implicaciones para la construcción de una autoridad científica.

De un lado, la creación de una parodia literaria de base etnográfica pone sobre la mesa la posibilidad de crear desde la ficción un cuadro cultural que es formalmente idéntico al elaborado por Lewis. El carácter metatextual de la parodia la convierte en representación de una representación, imita un texto. Si en la poética aristotélica esta mimesis limitada alejaba la parodia del arte, en el campo interdisciplinar señala la autonomía textual de la representación etnográfica. Dicho de forma más llana: muestra que Lewis podría haber inventado sus textos. El referente oral previo desde el que autoriza unos relatos que, a la vez, sustentan unas teorías antropológicas expuestas en los prólogos, no es en la parodia más que una mención reiterada a las grabaciones y un efecto de oralidad construido en sus parodias. En resumen: al demostrar desde la parodia que es posible fingir un relato etnográfico verosímil se cierne una sombra de sospecha sobre la verdad del relato de Lewis. Con todo, el uso de la parodia literaria como lugar desde donde tramar un contradiscurso etnográfico también es un síntoma de la imposibilidad de generar un discurso autorizado sobre los vecinos del norte. Dicho de otro modo: reconocemos los relatos de Quirozz y Urquidi como parodias, entre otras cosas, porque la descripción cultural que proponen se trama desde la asunción de su imposibilidad de existir como relatos autorizados sobre el norte.

Coda y conclusiones

La obra de Oscar Lewis, cuando se lee como científica, provoca reescrituras literarias en el ámbito mexicano. Su recepción en las literaturas latinoamericanas podría haberse redimido de la carga paródica en la defensa de la literatura testimonial que se produce durante los años setenta y ochenta en algunos países, que parte en ocasiones de formulaciones etnográficas literaturizadas muy semejantes a las de Lewis. No es raro, por ejemplo, que Elena Poniatowska, una de las escritoras cuyas obras iniciales fueron ubicadas bajo la rúbrica genérica del "testimonio" hubiera trabajado revisando grabaciones para Lewis. Sin embargo, la recepción de Lewis en el canon del testimonio se produce también desde el rechazo ideológico por parte de los teóricos del nuevo género, como Margaret Randall (1992). Ésta consideraba que, aunque Lewis había hecho magníficas aportaciones a la “sociología burguesa”, “desconocía, o no quería admitir, las contradicciones de clase que llevan a la explotación, la pobreza, el servilismo, la ignorancia –y también a la lucha. Para él eran problemas culturales más que económicos y sociales” (1993: 26). Según Rodríguez Luis (1997: 53), Barnet es el responsable de la no recategorización de la obra de Lewis en la órbita testimonial. En algunas ocasiones, Barnet incluye The Children of Sánchez entre las obras que le influyeron para la redacción de Biografía de un cimarrón. Había escrito, de hecho, acerca del libro de Lewis que "la literatura latinoamericana se enriquece con este libro. No sólo por la perspectiva de problemas humanos que ofrece, por la variedad temática, sino por el estilo llano, directo, nutrido de giros coloquiales tan necesarios para humanizar nuestra literatura" (Apud Ochando, 1998: 105). Más adelante, no obstante, Barnet llegaría afirmar que Lewis había "pretendido, desde una estación de trenes y con una libreta de apuntes o portador de equipos eléctricos y colectivos que sirven de escritores fantasmas, llegar a la última verdad sobre la condición humana, con dogmáticos presupuestos antropológicos" (apud Sklodowska, 1992: 20). Otra vez, las motivaciones políticas interfieren sobre la consideración literaria o científica de los textos de Lewis. Es seguro que la opinión de Barnet está influida por las malas relaciones que acabó teniendo el mismo Lewis con el gobierno de Fidel Castro. Éste había invitado al antropólogo a trabajar en Cuba sobre sus tesis pero, pese al pacto inicial, Lewis y su esposa fueron obligados a interrumpir el trabajo acusados de ser agentes de la CIA. En todo caso, Lewis no se asimilará en los referentes del canon más literario de lo testimonial.

Nos interesaba en estas páginas mostrar un caso curioso de intersección entre la antropología y la literatura para poner luz sobre sus implicaciones en el estudio de procesos interdisciplinares. Por tal motivo se hemos postulado al inicio de este texto que la intersección entre disciplinas tiene a menudo que ver con la transformación tanto de los métodos como de los productos o de su recepción, que están condicionados por el lugar –más o menos territorial o vinculado con un poder decir– desde el que se traman las disciplinas que se encuentran. El caso de Lewis nos permite ver cómo intervienen tres formas de transformación –la hibridez interdisciplinar, la traducción y la parodia– que tienen en común una naturaleza doble o, como diría Genette, hipertextual que no genera sólo simbiosis productivas sino también lugares de conflicto. Al retomar la reflexión metodológica con la que hemos iniciado este artículo, pretendíamos, desde un caso concreto donde el vínculo entre territorio y disciplina es evidente, plantear que cualquier teoría de la literatura abierta al contacto con otros campos del saber debería iniciarse dando un paso atrás para atender a este conflicto, no como freno a la búsqueda de espacios de confluencia, sino como un lugar de transformación realmente productiva de las disciplinas en contacto.

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1 Lo que causó en los años noventa algunas polémicas críticas interesantes, en torno al colonialismo implícito en el giro postcolonial o subalternista de los estudios literarios sobre Latinoamérica hechos desde la academia estadounidense.

2 Ver, por ejemplo (Mignolo, 2008).

3 A modo de síntesis ver la compilación elaborada por Carlos Reynoso (1998).

4 Utilizo el vocablo "etnoliterario" para referirme simplemente al espacio de intersección disciplinar entre antropología y literatura. He estudiado en otro lugar la diversidad de sentidos que se han otorgado a este término y a otros afines como "etnopoética" o "etnocrítica". Ver (Picornell, 2013).

5 Jorge E. Aceves (1994) ofrece una síntesis sobre la recepción de la obra de Lewis y su aportación metodológica. Ver, también Gutmann (1994). En este artículo, utilizamos las versiones inglesas y también sus traducciones en español (Lewis, 1961, 1964).

6 Empieza, así por ejemplo, el primer capítulo dedicado a Consuelo: "I had nothing but bitterness all through my childhood and a feeling of being alone. We lost our mother when all of us were little: Manuel was barely eight years old, Roberto was six, I was four and my sister Marta was two. I hardly remember anything about that time. When my mother died, I saw her stretched out, partly covered by a sheet. She looked very serious. Someone lifted us up to kiss her and then the covered her face. That was all" (Lewis, 1964: 88).

7 Según consideraba Charles Valentine (1969), antropólogo crítico con su percepción de la pobreza, se produce un contraste entre los largos prólogos teóricos y las narraciones de sus obras. Esta confusión entre teoría y práctica resulta peligrosa, sobre todo cuando deja abierta la puerta a la lectura de un público no suficientemente formado para conocer las implicaciones antropológicas de la aproximación de Lewis.

8 Escribe Buñuel en una carta a Lewis: “Your book [Pedro Martínez] is admirable [...] But as to making a film of it in Mexico, it is impossible, or even more so that the other. [...] Of course, by limiting the film to the more positive aspects of the book –or those which would be so regarded by the gentlemen of the government– it would be easy enough to carry out this project” (apud Rigdon, 1988: 145).

9 Sobre la expansión del concepto, ver (Monreal, 1999; Romero, 2016).

10 Resulta muy interesante el análisis, desde el punto de vista del nacionalismo, de María del Carmen Collado. Escribe: "El revuelo causado por la obra se enmarca en el ambiente de la Guerra Fría en México, que envuelto en el manto nacionalista, buscaba aislarse de las influencias de la Revolución cubana y el socialismo. Este clima de intolerancia cobró fuerza en el sexenio de Díaz Ordaz, quien como secretario de Gobernación del gobierno anterior de Adolfo López Mateos, fue el encargado de combatir y frenar la 'subversión comunista'. Así, el libro de Lewis no sólo fue visto como un insulto a lo mexicano, una bofetada a la imagen del progreso edulcorada que los edulcorada que los gobiernos posrevolucionarios construían apoyados por los medios de comunicación, sino como una obra con una crítica doblemente inaceptable por provenir de extranjeros, el autor y el editor, quienes además tenían inclinaciones sospechosamente comunistas" (2017: 31).

11 Ver la "Resolución del procurador general de la República", incluida en apéndice a la edición de Los hijos de Sánchez de 2002.

12 En 1965 John Paddock publicaba en Mesoamerican Notes el anexo "The Children of Sánchez in the Headlines", una traducción en inglés de los principales artículos de la recepción crítica de la obra de Lewis. Si no se indica lo contrario, los citamos desde esta recopilación, traducidas al español. Para una crónica de la polémica, ver (Collado, 2017).

13 Según la historia de la institución recopilada por Joseph M. Quinn, ver http://www.mexicocity college.com/History1.html.

14 De nuevo, las citas provienen de la recopilación de Paddock (1965).

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